La tarea de enseñar una disciplina marcial

La tarea de enseñar una disciplina marcial

Hay que entender que no es lo mismo ser profesor y ser atleta que sólo ser atleta. No es tan fácil como parece. Seguí leyendo la nota y conocé más sobre este fabuloso deporte que es el judo.

No es igual tener los conocimientos para obtener los cinturones, poder enseñar, saber corregir, ser un líder, ganarse el cariño de la gente, realizar programaciones, saber identificar las debilidades de tus atletas, conocer las progresiones para cada movimiento, diferenciar los entrenamientos de los que quieren competir y de los que solo quieren una mejor calidad de vida, entre otras… Que solo entrenar y ser un atleta.

No es lo mismo ser profesor, tener a cargo la programación de toda una academia, ser responsable de los entrenamientos de las personas y ser parte de sus logros y, además, entrenar para competir; que solamente dormir, comer, entrenar y repetir. Muchos de los que trabajan como coaches, profesores o maestros en una academia de artes marciales, tienen que cubrir muchas funciones y muchas exigencias.

Los retos de un profesor

Tienen que madrugar, abrir la academia cada mañana con una sonrisa, deben saber enseñar a la perfección la técnica de los movimientos, deben tener la paciencia para atender con amor a los que necesitan ganar movilidad y corregir con cariño por enésima vez a ese alumno que sigue realizando una técnica como él cree que debe hacerse, deben estar parados y caminando por mucho tiempo, realizar los movimientos cada clase para explicar los drills, porque la misma chica que siempre está hablando sigue sin memorizar la secuencia. Tienen que verse y oler bien.

Los profesores deben saber de la A a la Z cuál es la mejor marca de implementos marciales, para entrenar y también para competir, dónde comprarlo, cuánto cuesta, si está en oferta y tener la suficiente capacidad de convencimiento. Los profesores tienen que traer cargador para todos los celulares, ser lo suficientemente precisos para que la clase dure exactamente lo estipulado. Los profesores tienen que saber los problemas de cada individuo de su academia y recordar las lesiones o limitaciones de cada quien, saber explicar por qué el huevo no hace daño, poder descifrar a lo que se refieren los alumnos cuando dicen: “Che profe, ¿cómo se llama esa llave que uno le hace así y luego así y luego levanta la pierna?” (Y los ademanes del alumno solo parecen como si bailara el Harlem Shake).

Los profesores deben cargar con su comida de todo el día porque luego si engordan o enflaquecen podrían perder seguidores, y aguantar al que tiene cuerpo de modelo de revista todos los días diciendo “yo estoy mejor que el profesor” y que sigue sin entender que el profesor no va, ni quiere competir en el Mr.olympia.

Tienen que contar con guantes extra, linimento, vendas y tobilleras extra, tienen que traer dulces y de los buenos para el que siempre trae el azúcar baja (o bueno, eso dice), tienen que ser expertos en tomar fotografías y videos de sus alumnos y aparte estar súper activos todo el tiempo en las redes sociales, “profesor, ¿ya vio el video en el que lo etiqueté hace 52 segundos?”. Deben ser botiquín de primeros auxilios…

Estas y otras responsabilidades son las que nos competen a quienes enseñamos un arte marcial, una tarea que, en mi caso particular, realizo con mucha pasión y dedicación.

Los espero en el Dojo de Patronato, los martes y jueves desde las 18 horas para sumarse a esta maravillosa disciplina llamada Judo.

(*) 2° Dan.

 

 

 

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