Las nuevas amistades después de la llegada de los hijos

Las nuevas amistades después de la llegada de los hijos

Con la llegada de los hijos todo cambia y en esta nueva etapa podemos encontrar amistades muy enriquecedoras.

La amistad cambia con la llegada de los hijos porque nosotras ya no somos las mismas. Hay amistades que se mantienen, otras que se van perdiendo con el tiempo, otras que se intensifican y otras que llegan en esta nueva etapa donde tal vez nos sorprendamos creyendo que no teníamos nada en común, pero resulta que sí, que ahora que somos madres podemos compartir con estas nuevas amistades más momentos de los que hubiéramos imaginado.

Y esto resulta muy positivo, porque la crianza, sobre todo en un principio, puede ser muy solitaria si no contamos con una red de contención, un grupo o una persona con quien compartir lo que nos está pasando, todo lo que estamos sintiendo, viviendo. La amistad oxigena, nos da ese respiro saludable tan necesario y la posibilidad de expresarnos sin tapujos porque sabemos que el otro nos va a comprender, nos va a escuchar y hasta nos va a sacar una carcajada en medio del agotamiento.

La maternidad y las nuevas amistades

Hay ciertas condiciones que se dan cuando tenemos hijos y que hacen posible que surjan nuevas amistades, tan importantes sobre todo cuando nuestras amigas de siempre están en otro momento de la vida y no podemos compartir tanto como antes:

Las actividades para embarazadas: a menos que justo coincidamos con una amiga en el embarazo, es difícil compartir este momento tan especial e intenso de una manera cercana. Si tenemos amigas que ya fueron madres, tal vez no recuerden mucho las partes más “engorrosas” del embarazo, ni los cambios de ánimo, los temores, etc. El curso de preparto o las actividades para embarazadas nos abren la posibilidad de poder compartir esto con otras personas con las que nos sintamos identificadas y podamos hablar “en el mismo idioma”.

Hijos con edades similares: en la plaza, el jardín, el colegio, el club, hay otras madres como nosotras con las que podemos compartir experiencias similares si nuestros hijos están pasando por las mismas etapas. No es obligatorio hacerse amiga de la madre o los padres de sus amiguitos, pero es una posibilidad más de ampliar nuestro círculo y también de armar planes como tardes de encuentro y charlas mientras ellos juegan, cenas con otras parejas cuando ellos tienen un cumpleaños o, incluso, vacaciones compartidas.

Maneras de criar similares: tal vez antes de ser madres no teníamos nada en común con esa vecina o conocida, pero ahora resulta que nos damos cuenta de que compartimos maneras de pensar y de criar a nuestros hijos muy similares y que nos sentimos más cómodas compartiendo con ella antes que con esa amiga que nos dice cosas como “dejalo llorar…”, “¿todavía le das la teta?”, “¿por qué le das mamadera?”,  etc.

Los cambios en las prioridades y horarios: una salida que antes organizábamos de un momento a otro ahora puede llevarnos semanas concretarla y eso, a veces, genera ciertos roces. Pero cuando se trata de amigas que también son madres, lo más seguro es que puedan ponerse en nuestro lugar y comprender tantas vueltas o cancelaciones porque ellas están pasando por lo mismo y sus horarios también están “trastocados”.

Amistades circunstanciales: tal vez tengamos muy arraigado el concepto de que una verdadera amistad es aquella que tenemos desde hace tiempo, sin embargo, las amistades circunstanciales también son muy importantes, y hasta pueden ser más intensas. Si consideramos la maternidad no solo como el nacimiento de un hijo sino como un estado de continuidad, a lo largo del desarrollo de nuestros hijos podremos generar diferentes amistades, y algunas de ellas quizás perduren en el tiempo.

Otro punto clave en la construcción de estas nuevas amistades es evitar las comparaciones. La llegada de los hijos suele despertar ese costado en nosotras que tal vez nunca habíamos experimentado, pero antes de caer en la trampa, es importante tener en cuenta que las comparaciones no son constructivas. Los niños pueden percibirlas como ineptitudes de su parte -y hasta pueden influir en la relación con su amiguito-, y entre los adultos pueden generar incomodidades y desvalorizaciones. Y si el que compara es el otro, debemos tener en cuenta que a veces no podemos evitar ciertas actitudes de los demás, pero siempre podemos elegir qué hacer con ellas.

Lo fundamental en cualquiera de los casos es construir amistades sanas desde un principio, que nos hagan sentir bien y saquen lo mejor de nosotras. No es necesario pensar o criar de maneras similares, si no respetar al otro en su conjunto. Si hay algo con lo que no coincidimos, poder expresarlo con honestidad, respeto y cuidado, teniendo en cuenta sus sentimientos.

Aprovechemos las oportunidades que se nos presentan en cada etapa de la maternidad para sumar nuevas amigas y para transmitirles a nuestros hijos lo maravilloso de una verdadera amistad.

 

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