Pasar página

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Yo sé que estoy loco, pero no tanto como para creerme que soy el único que se deprime cuando en octubre ya te empezás a chocar con budines y panes dulces en las góndolas del supermercado, los cuales, por cierto, deberían comenzar a manejar el temita de la ansiedad porque están adelantándose un poquito a

Yo sé que estoy loco, pero no tanto como para creerme que soy el único que se deprime cuando en octubre ya te empezás a chocar con budines y panes dulces en las góndolas del supermercado, los cuales, por cierto, deberían comenzar a manejar el temita de la ansiedad porque están adelantándose un poquito a los eventos.

También en cierta forma es entendible, porque si mirás el calendario te das cuenta que la zunga está a la vuelta de la esquina, y que ya no te queda más tiempo, para las remodelaciones de ese cuerpo devastado que prometiste reparar en el diciembre del año pasado, o sea hace exactamente doce meses atrás.

Y ya se convierten en tópico de toda charla casual y de ascensor  las frases que bien podrían ser tendencia en el Twitter de las conversaciones banales “que rápido se pasó el año” “ya es diciembre” “no puedo creer que estamos a un paso de las fiestas”, acompañadas de las promesas a incumplir que se vienen repitiendo como las cartitas a Papá Noel pero que ilusionados volvemos a repetir.

Es que el tiempo es la única convención humana en la que todos estamos de acuerdo y que el calendario no nos deja cambiar a gusto y piacere (al menos por ahora) ni de día ni de mes, es por eso que por remanidas y trilladas que suenen todas las frases comunes en las que caemos no tenemos otra salida más que repetirlas.

El balance arroja lo que arroja, pero lo bueno es que ahora tenemos la chance de marcar doble línea y ponerle fin, con la esperanza renovada de lo nuevo por venir, de la ilusión, de las ganas que te renacen con solo sumar un año al almanaque o poder tirar ese y empezar el 1 de enero el mas nuevito y el que trae en cada cuadradito un desafío.

Es simplemente pasar página, pero en la vida todo se trata de eso: de renovarse, de vivir dignamente según nuestras convicciones, y apechugando según nos vayan saliendo las cosas, pero con el convencimiento de no traicionarnos a nosotros mismos, y es así donde esa idea se hace más fuerte y recobra vida cual plantita seca que la riegan al ver que se presentan 365 nuevas oportunidades para llevar a cabo.

Querer no siempre es poder, pero quien no quiere está peor que el que intenta y no le sale, así que al menos por cabeza dura, nos conviene seguir queriendo y nos re sirve seguir equivocándonos para aprender, mientras hacemos, porque es la forma más cobarde la de los que aprenden de los errores ajenos y no de los propios, no digo que no duela la caída pero es más llevadera a partir de que te levantás sin ninguna duda.

Con este artículo (o como quieran llamarlo), columna, opinión, colaboración, son 45 opiniones y 45 formas de mostrar un poquito de mi y 45 oportunidades aprovechadas a partir de un deseo que gracias a otros locos como yo fueron paridas cada mes y vieron la luz. Por ahí me faltó escribir muchísimo más y muchísimo mejor y con mas técnica, y sobre mas personas, situaciones y cosas, pero lo que sé es que escribí siempre con el corazón, es de ahí de donde sale la tinta de cada palabra.

Ahora, y antes de que nos pongamos ya a principio de diciembre melancólicos y llorones, tomemos la sartén por el mango y cocinemos el mejor mes del año. Fiestas, despedidas, y cualquier situación de juerga serán bienvenidas para adelantar el brindis del 31 y programar lo que será seguramente el mejor año de nuestras vidas, llenémonos de deseos, y pensemos en los otros compartiéndolos, pidamos a lo grande (que para achicar hay tiempo) y disfrutemos de cada día de los que van a venir, que un nuevo año no es otra cosa que una oportunidad de pasar página para seguir escribiendo una historia más.

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