Ricardo Annichini, un Puma paranaense

Ricardo Annichini, un Puma paranaense

Ricardo es un especialista en el rubro gastronómico, oriundo de Paraná, tiene 57 años, una familia conformada por su esposa Laura y sus hijas Luana y Lara. Innumerables características lo definen, sin embargo, Mujeres Divinas lo entrevistó para destacarlo por su paso en el Seleccionado Argentino de Rugby, como un ex-Puma, allá por la década del

Ricardo es un especialista en el rubro gastronómico, oriundo de Paraná, tiene 57 años, una familia conformada por su esposa Laura y sus hijas Luana y Lara. Innumerables características lo definen, sin embargo, Mujeres Divinas lo entrevistó para destacarlo por su paso en el Seleccionado Argentino de Rugby, como un ex-Puma, allá por la década del 80.

¿Fuiste un Puma? 

Exactamente.

¿Cómo fue que llegaste hasta ahí?

Bueno básicamente, es distinta la estructura que tiene la Unión Argentina de rugby hoy con lo que era en aquella época. En ese momento la única forma de poder acceder a un seleccionado era siendo un buen jugador en tu lugar. Era muy difícil, porque la mayoría de los jugadores directamente se sacaban de Buenos Aires. Había muy pocos jugadores del interior. En ese año cuando yo jugué, solamente éramos en un principio tres y después terminamos siendo dos del interior, la mayoría eran todos de Buenos Aires. Así que el acceso a jugar en los “Puma” era bastante complicado. Tenías que destacarte mucho más que cualquier otro jugador que juegue en tu misma posición en Buenos Aires, tenías que superarlo ampliamente para que te tengan en cuenta y te llamen.

¿Y ellos venían a ver jugadores?  

No, eso no se hacía. Estaba el Campeonato Argentino en donde todas las selecciones provinciales intervenían y en esos campeonatos era el momento donde vos tenías que tratar de hacer una gran performance para que te llamen. Por otro lado estar dispuesto también.

¿En Paraná donde jugabas?  

Jugué en Club Estudiantes toda mi carrera. Y jugué un año también en Buenos Aires en Banco Nación, era el equipo de Hugo Porta, eso fue en el año 1986. Que por primera vez salió campeón, así que tuve la suerte de salir campeón con Banco Nación también. Jugué un año y después me volví a Paraná.

¿Por qué no seguiste allá? 

No seguí por varias razones, primero porque no me sentía a gusto. También como había jugado en Buenos Aires, después cuando jugás el Campeonato Argentino lo tenés que hacer por Buenos Aires. En ese año habíamos llegado a la final contra Tucumán que era muy buen equipo y había salido campeón en el 85. Lo ganamos con una jugada mía así que fue todo importante. Pero después hubo des manejo por parte de la Unión Argentina, donde yo pretendía ser más valorado y no tuve el reconocimiento, así que me volví a Paraná. Jugué dos años más en el club, que también hicimos una buena performance en el campeonato regional. Salimos campeones con el Club Estudiantes. Y después me retiré.

¿Nunca más volviste al rugby?

A jugar no, después fui entrenador del seleccionado entrerriano durante un tiempo y ahora, últimamente, lo que hice fue el seven de la República también con Marcelo Faggi, el seven de la Unión Entrerriana. Estuvimos siempre entre los cuatro mejores a nivel nacional así que estábamos conformes con lo que hicimos

 ¿Tuviste que elegir entre jugar al rugby o estudiar?

Sí, como no.

 ¿Y cómo fue esa decisión?

Ni lo dudé, para mí el deporte era lo más importante. Es lo que tiene de lindo el deporte, es estar adentro de la cancha. Después uno puede entrenar, y está bueno, pero no es lo mismo. Y tuve muchos planteos con compañeros porque era un grupo muy exigente el que teníamos nosotros. Era un equipo que jugaba muy bien el del Club Estudiantes. Hicimos varias giras, fuimos a Nueva Zelanda, Australia, hicimos una gira por Sudáfrica con este grupo. Era un equipo muy competitivo que jugaba de igual a igual contra cualquiera del país. Asimismo, nos entrenábamos nosotros, antes un equipo entrenaba dos o tres veces como mucho por semana y nuestro equipo entrenaba cinco días por semana y a veces hacíamos doble turno, por eso era el equipo que era. Un equipo que representó a la ciudad en muchos campeonatos, uno de ellos, el Campeonato Argentino que éramos 13 jugadores del club Estudiantes. Llegamos a la final contra Buenos Aires siendo 13 jugadores del club. Eso habla del nivel que tenía ese equipo. Y los planteos míos, porque yo era un poco el que capitaneaba, era ese: o estudiás o jugás al rugby.

Hoy veo muchísimos profesionales que están bárbaros, que no me dieron bola, a los cuales envidio, pero bueno en ese momento para mí la prioridad era entrar a la cancha. Igual, no me puedo quejar, la verdad que es felicidad lo que tengo.

¿Cómo ves el rugby hoy en comparación a la época en que jugabas? 

Mucho más divertido. Cambiaron muchísimo las reglas, es mucho más sano. En la época que jugábamos nosotros era mucho más brusco. Hoy ya no se puede cometer o tener acciones que no sean leales al juego. Veo que ha habido una amplitud en la Unión Argentina para buscar jugadores, hoy la competencia que tiene el rubgy nacional es mucho más activa. Antes se jugaba uno o dos partidos internacionales por años y hoy se deben jugar 20 o 30 por año. Entonces se necesita mucho más cantidad de jugadores y eso hace que salga gente a buscar por el interior, hoy llegar es mucho más fácil porque te están rastreando jugadores distintos. Me gusta. Pero sé también que está mucho más difícil hoy la convocatoria del jugador. Hay muchas otras cosas que también lo llaman el jugador a dedicarse a otra cosa, el rugby es un deporte amateur y eso implica poner plata de tu bolsillo. Un jugador tiene que gastar por mes 6.000 mil pesos para más o menos poder jugar, es mucha plata. Entonces las cosas están más complicadas para lo que es el rugby amateur. El rugby profesional me parece fantástico que exista. Y la Unión Argentina está haciendo lo mejor que puede con eso.

¿Pudiste vivir del rugby?

Nunca, gasté fortuna. En esa época era muy loco porque te llamaban a entrenar a Buenos Aires, entonces lo más rápido era irse en avión. Cuando yo viajaba en avión me reconocían el equivalente en tren, si yo gastaba 100 pesos en un avión ellos me reconocían 10. Y era una unión con mucha plata, simplemente que se enriquecían los que estaban al mando. Porque todo este tipo de instituciones, que es un poco lo que pasa en el país también, cuando no hay nadie que lo controle la persona que se hace cargo de manejar el dinero generalmente es como dice el dicho, “hombre que hace gárgara algo simple traga”, y en esa época era un poco así.

¿Y hoy seguís haciendo deporte?

No, deportes no hago. El trabajo ya me hace transpirar bastante, (dice entre risas).

¿A qué te dedicas actualmente?

Siempre fui gastronómico, hace 37 años que estoy en la gastronomía. Actualmente con este emprendimiento Lapan que es una cafetería.

Algún hobby

Digamos que soy un emprendedor. Así como arranqué con esto, estamos haciendo una huerta orgánica en mi casa para ver si podemos abastecer las necesidades que tiene Lapan. Básicamente es seguir aprendiendo de cocina que es lo que me gusta. Hace treinta y pico años que me dedico a esto. Entonces vamos buscando distintas alternativas, hoy la comida saludable es algo a lo que estamos apuntando y tratando de aprender. Hay muchas cosas que se hacen con fermentos y que son mucho más saludables a la hora de ingerir. Estamos en la lucha contra los agro tóxicos. Yo creo que algo que tenemos que hacer todos los gastronómicos es empezar a plantarnos un poco en base a lo que nos venden. Hoy la cáscara de un tomate trae muchos agro tóxicos, porque uno los ve y son hermosos. Acá nos tomamos el trabajo de pelarlos, o sea que sabemos que al menos esa parte no está más. Lo mismo hacemos con todas las verduras que llegan: Se las lava con bicarbonato, se hace un tratamiento para intentar sacar todo lo que pueda llegar a venir. Pero creo que el trabajo que tenemos que hacer los gastronómicos hoy es imponernos ante el uso indiscriminado de agro tóxicos que son los que hacen daño a la salud.

Ph: Maia Gillij – Fotografía.

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