Viajar y vivir las experiencias a pleno

Viajar y vivir las experiencias a pleno

Romina Gauna es licenciada en Marketing y llevaba una vida normal en Paraná, hasta que un día se plantó y dijo “quiero darle curso a mis sueños”. Conocé su historia. “Yo llevaba una vida como cualquier otra en Paraná, trabajaba en una consultora y siempre pensaba que iba a emprender viajes pero no tenía en

Romina Gauna es licenciada en Marketing y llevaba una vida normal en Paraná, hasta que un día se plantó y dijo “quiero darle curso a mis sueños”. Conocé su historia.

“Yo llevaba una vida como cualquier otra en Paraná, trabajaba en una consultora y siempre pensaba que iba a emprender viajes pero no tenía en claro cuándo se daría el momento”, cuenta Romina Gauna por chat de Facebook, desde Ibiza, a Mujeres Divinas. Esta joven entrerriana, Licenciada en marketing, un día no lo dudó y dejó de imaginar cómo sería la experiencia de vivir en el extranjero para hacerlo realidad.

¿Cómo decidiste irte a vivir fuera del país?

Quería darle curso a mis sueños y trabajar en pos de eso, así fue que cambié de trabajo y busqué desempeñarme en otra actividad que me genere mayores ingresos para poder ahorrar y viajar. Trabajé en un banco por un año y medio y guardaba el sueldo completo para ahorrar. Mientras tanto sobrevivía con otros emprendimientos que tengo. También tomé clases para mejorar mi inglés. Mi idea, en principio, era viajar a México pero decidí ir por más y vivir la experiencia a pleno con el desafío de vivir un cambio completo, lo cual implicaba por supuesto cambiar el idioma.

¿Cuáles fueron los siguientes pasos?

Vendí todas mis cosas, lo que más valor tenía, y compré un ticket a Los Ángeles (Estados Unidos). Cambié los días primaverales de principios de diciembre en Paraná por los frescos de la costa oeste. Estuve viviendo en Santa Mónica, un lugar muy icónico de Los Ángeles, pero era muy caro. Me mudé a Long Beach por dos semanas con una argentina, Gloria y sus dos niños, con la cual somos muy amigas en la actualidad y pasé unos días súper lindos en compañía de ellos. Como uno de los motivos por los que fui a California era aprender a surfear, a través de ella conocí a otro muy buen amigo, Iván, con el que viví los otros meses en Lomita, a 10 minutos de la playa de Redondo beach. Con Iván practicamos muchos deportes como mountain bike, hicking, surf, y con el valor adicional que era invierno y en el océano Pacífico, es decir, aguas muy frías para lo cual se necesita de mucho valor para meterse.

¿Viajaste por Estados Unidos?

Sí, viajé por todo California. Es un estado que tiene todos los climas en un solo lugar, es increíble: si querés playa tenés de las más diversas, también hay bosques, parques nacionales, están los árboles más grandes del mundo, las sequoias. A una hora en auto tenés numerosos centros de ski y snowboard, así que literalmente se viven todos los climas. También conocí ciudades como Las Vegas y Miami, pero Los Ángeles es un lugar que prefiero mucho más, es una mega ciudad pero geográficamente no está compuesta por miles de edificios porque es una zona sísmica, por lo que se extiende a lo largo.

¿Cómo describirías tu paso por Los Ángeles?

Es un área metropolitana, entonces todas las casas son como las que vemos en la televisión, con mucho verde y patios. La gente es súper amigable, muchas veces te saludan en la calle como en los pueblos de Argentina, y te das vuelta para ver si es que están saludando a otra persona, pero no. Eso es una de las cosas que más me gusta y admiro de su cultura, la amistad que te brindan los americanos. Conocí personas de todo el mundo: europeos, asiáticos, sudamericanos, y con todos hice una amistad hermosa. De lunes a viernes iba a una escuela de inglés y ahí conocí a mis grandes amigas de México, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Guatemala. Es un país donde me gustaría vivir más tiempo.

Y ahora te mudaste a España.

Sí, me quedé allá seis meses y me vine a vivir a Ibiza, acá ingresé por un contacto laboral desde Argentina así que todo fue más fácil porque tenía departamento y casa. Por ahora me quedo la temporada entera, Ibiza es conocido como el paraíso de las fiestas, y así es: toda la isla está centrada en las macro discotecas y todo el mundo que viene a trabajar realiza una actividad vinculada al turismo. Por otro lado, las playas del mas Mediterráneo son de aguas turquesas, cristalinas, sin olas pero con una temperatura media, son impactantes.

¿Cómo es Ibiza?

Es un lugar pequeño, en invierno viven 18.000 personas y en temporada llegan 8.000.000 de turistas. Durante el día, en la vida cotidiana, es normal hablar español, inglés e italiano ya que además los compañeros de mi trabajo son de diferentes nacionalidades. Actualmente, vivo en un departamento con nueve chicos y chicas, parece una locura y sin duda que en Argentina no lo haría porque tengo otras posibilidades, pero por más loco que parezca, a pocos días de estar con ellos, nos queremos y ayudamos muchísimo y nos sentimos todos como en familia. Tenemos una terraza enorme donde después de trabajar nos juntamos a escuchar música, tomar mates, cervezas. Desde ahí podemos ver la pantalla más imponente de la isla que es la del Hard Rock Hotel, conocido por tener el restaurante más caro del mundo: 1.500 euros por plato.

¿Cómo sigue tu vida ahora?

Mis días en Ibiza son increíbles, la paso muy bien, me siento a gusto y tengo un largo tiempo aún por disfrutar. Creo que mi vida sin duda va a ser un poco en Argentina y un poco en el exterior, quisiera poder tener un emprendimiento en otro país y de hecho estoy tramitando la ciudadanía italiana para poder tener acceso. Siento que por ahora tengo todo un mundo por recorrer, creo que las personas que tenemos la curiosidad constante por lo desconocido, por la diversidad cultural, por invertir no en un auto si no en un viaje, cuando salimos de Argentina se nos hace muy difícil parar.

¿Algún consejo para alguien que quiera seguir tus pasos?

Para  quien lea la nota y tiene dudas, le diría que no dude ni un segundo, que todo se acomoda de una forma mágica. El mundo está lleno de personas buenas dispuestas a ayudar, realmente los malos son los menos gracias a Dios. Todo se ajusta como si fueran fichas de ajedrez, sólo hay que animarse y saltar.

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